Se analizaron muestras de un ensayo dietético aleatorizado

Un análisis publicado en npj Science of Food el 18 de septiembre de 2026 encontró distintos perfiles de micotoxinas en la orina tras una intervención de ocho semanas con una dieta vegana o rica en carne. Investigadores de la Universidad de Friburgo examinaron muestras de adultos sanos que seguían una dieta omnívora antes de participar. De las 65 personas que completaron el estudio, dos fueron excluidas por presentar datos de micotoxinas considerados inverosímiles. El análisis final incluyó a 32 participantes asignados al grupo vegano y 31 al grupo de dieta rica en carne.

Tras una semana de preparación con una dieta mixta, el grupo vegano excluyó los alimentos de origen animal. Al grupo de dieta rica en carne se le indicó consumir al menos 150 g de carne al día; el pescado no contaba para ese requisito. Se animó al grupo vegano a elegir alimentos poco procesados. Los participantes escogían sus alimentos dentro del protocolo y recibían apoyo nutricional, pero no se les proporcionaban comidas. La intervención comparó dietas con una ingesta energética similar.

Las concentraciones ajustadas por creatinina difirieron en cuatro toxinas

Se midieron seis micotoxinas en muestras puntuales de orina matutina recogidas al inicio y después de ocho semanas. Los investigadores presentaron concentraciones en microgramos por litro de orina y, por separado, valores ajustados en microgramos por gramo de creatinina. A los valores inferiores al límite de detección de cada toxina se les asignó la mitad de ese límite para el análisis estadístico.

En la octava semana, la mediana de deoxinivalenol ajustada por creatinina fue de 7,15 µg/g de creatinina en el grupo vegano y 2,85 µg/g en el grupo de dieta rica en carne (p = 0,004). En ese mismo orden, las medianas fueron de 0,45 y 0,20 µg/g para la ocratoxina A (p = 0,003), y de 1,34 y 0,49 µg/g para la zearalenona (p = 0,001). La toxina T-2 mostró el patrón opuesto: 3,44 µg/g en el grupo vegano y 5,15 µg/g en el de dieta rica en carne (p = 0,047).

En las concentraciones expresadas por litro de orina sin ajuste por creatinina, la comparación de la octava semana fue significativa para la toxina T-2, con valores mayores en el grupo de dieta rica en carne. Las diferencias finales sin ajustar para deoxinivalenol, ocratoxina A y zearalenona no fueron estadísticamente significativas.

El análisis de los cambios en el tiempo dio otro resultado para T-2

Los modelos mixtos con medidas repetidas encontraron interacciones significativas entre dieta y tiempo para deoxinivalenol, ocratoxina A y zearalenona ajustados por creatinina. El modelo de la toxina T-2 no encontró una interacción significativa ni una diferencia significativa entre grupos en la octava semana, aunque la comparación final del análisis más simple sí había sido significativa.

Algunos modelos emplearon transformaciones logarítmicas y excluyeron valores atípicos para obtener residuos con distribución normal. Los autores no aplicaron una corrección por pruebas múltiples y señalan como limitación el consiguiente aumento de la probabilidad de falsos positivos. Muchas mediciones quedaron por debajo del límite de detección: por ejemplo, en la octava semana ocurrió con la aflatoxina en 57 de las 63 muestras y con la fumonisina en 61.

Los registros alimentarios no aclararon las fuentes individuales

Los participantes llevaron diarios con pesaje de los alimentos, generalmente durante tres días en cada evaluación. Se estudiaron asociaciones entre el consumo de grupos alimentarios y las concentraciones urinarias. Los gráficos adicionales y los análisis de regresión sugirieron posibles asociaciones del consumo de verduras con deoxinivalenol y ocratoxina A ajustados por creatinina, pero los autores piden cautela debido al tamaño modesto de la muestra.

El artículo señala que las categorías alimentarias agrupaban productos muy diversos, que las especias se registraron de forma incompleta y que algunos diarios solo cubrían dos días. Los registros no necesariamente incluían todos los días inmediatamente anteriores a la recogida de orina. Los autores no pudieron explicar los valores mayores de toxina T-2 en el grupo de dieta rica en carne.

Los autores distinguen los perfiles de exposición de los efectos sobre la salud

El ajuste por creatinina es una incertidumbre importante al comparar estas dietas. El artículo analiza cómo el consumo de carne y pescado, y las diferencias de masa muscular, pueden afectar a la creatinina urinaria. El estudio no incluyó a personas veganas desde hacía mucho tiempo y los autores consideraron improbables los grandes cambios en la masa libre de grasa durante ocho semanas. Sin embargo, no se dispuso de recogidas de orina de 24 horas ni de un ajuste por densidad urinaria.

Los autores afirman que los intervalos de referencia del laboratorio presentados en el artículo no son umbrales de seguridad y que no se evaluaron efectos directos sobre la salud. Piden ensayos aleatorizados más grandes y bien diseñados para investigar la exposición y sus posibles efectos. La conclusión también indica que los hallazgos no pretenden desalentar una alimentación centrada en vegetales y reclama esfuerzos para reducir la exposición a micotoxinas con independencia de la dieta elegida.

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